:: LA CARENCIA DE HIERRO Y MANGANESO EN LOS ACUARIOS

Por Omar Iruela González, Güines, La habana, Cuba

Los síntomas de deficiencia o carencia de un elemento pueden ser un claro indicador de una necesidad en un acuario con plantas, sin embargo hay que tener en cuenta que, en general, primero aparecen los síntomas relacionados con la falta de un elemento cuyo déficit es más grave. Por esto es que, frecuentemente, una vez corregida esta deficiencia, aparezcan luego los síntomas de carencias de otros elementos.

Es muy curioso que el problema de carencia de hierro en el acuarismo sea un fenómeno reciente, desde el instante en que los aficionados sustituyeron los antiguos acuarios con armazón de hierro por los de cristales unidos con siliconas. Por mucha precaución que pusiera el aficionado con esas estructuras de hierro y accesorios metálicos, se introducían pequeñas cantidades de hierro en el acurio, donde se oxidaba. El hierro bajo la forma de hidróxido férrico es insoluble en agua y no stá al alcance de las plantas, pero al pasar el tiempo y por la acción de ciertos microorganismos puede solubilizarse formando parte e quelatos orgánicos y era asimilado por las plantas. De este modo antiguamente era muy raro observar síntomas de carencia de hierro, pero no era extraño ver peces con síntomas de intoxicación.

El hierro es uno de los elementos nutritivos más importantes de los que intervienen en la formación de la clorofila y otras funciones vegetales. Su carencia ha causado enormes problemas tanto en la agricultura como en los acuarios ya sea por falta o por presentarse en una forma no asimilable por las plantas.

La escasez de hierro se manifiesta a través de la “clorosis”, es decir, que las hojas amarillean entre los nervios, más tarde toda la hoja, incluso los nervios, tendrá un aspecto vítreo y frágil. Los síntomas aparecen primero en las hojas jóvenes ya que el hierro está inmóvil dentro de la planta y no puede pasar de las hojas más viejas a las más jóvenes. En un acuario, las pantas de crecimiento más rápido como Vallisneria, Sagitaria o Egeria (Elodea), se verán más afectadas por la carencia de hierro antes que las de crecimiento lento.

Los síntomas de déficit de manganeso en su primer momento son similares a los de la carencia de hierro, sin embargo, la falta de manganeso no afectará a los nervios que permanecerán verdes. Por esto, y debido a su semejanza con una variedad de Abeto, se le conoce como “la enfermedad de los árboles de navidad”.

El hierro asimilable por las plantas es el hierro bivalente (Fe 2+), pero en un medio oxidante como e acuario se transforma inmediatamente en hierro trivalente (Fe 3+) que rápidamente precipita como hidróxido férrico que se deposita en el sustrato por lo que pierde su valor como nutriente para la planta (solo hay unas pocas plantas que, por medio de ácidos orgánicos producidos por las raíces y que quizás tengan propiedades quelantes, son capaces de aprovechar el hierro insolubilizado como hidróxido).

En muchas ocasiones el añadir abonos con hierro a un acuario no soluciona el problema de carencia del mismo y las causas más comunes son:

Un pH muy alto, ya que en un medio muy alcalino el hierro está fuertemente inmovilizado.

  • La presencia de otros elementos como el zinc, el cobre o el manganeso que en exceso afectan la asimilación del hierro.
  • Un potencial Redox muy alto, con el que el hierro se oxida muy rápidamente transformándose en hidróxido insoluble.

A partir de la segunda mitad del Siglo XX se descubrió que el hierro trivalente bajo la forma de quelatos (en griego “quelato” significa “pinza”) es aptrov echado por las plantas y es bastante estable ante las reacciones biológicas y químicas del medio.

El más común de los agentes quelantes es el “EDTA”, siglas del ácido etilen-diamino-tetra-acético, que con el hierro forma el quelato de hierro “EDTA-Fe”.

Actualmente el “EDTA-Fe” es la forma de hierro más usada, tanto en los abonos para acuarios de agua dulce como en la agricultura, para suministrar el hierro asimilable por las plantas.

El EDTA de hierro es más estable en un medio ligeramente ácido o en el entorno de la neutralidad. La presencia de calcio en concentraciones elevadas (ligadas a un pH alto) provocará el desplazamiento del hierro por el calcio en el quelato, anulando la función de este producto ya que el Fe 3+ liberado precipitará inmediatamente como hidróxido.

La dosis de hierro debe estar bien controlada mediante un test específico, ya que en concentraciones superiores a 2 ppm (2 mg/litro), es tóxico para los peces y hasta para muchas especies de plantas. Una concentración de 0,5 a 1 ppm (mg/l) estaría dentro de los rangos de seguridad permitidos aunque hay que aclarar que algunos peces son más delicados y requieren concentraciones de hierro más bajas (0,25 mg/litro).

Comentando sobre el manganeso, cabe señalar que este elemento suele faltar muy a menudo en acuarios con sustratos no abonados (o sea los que cuentan sólo con gravilla de sílice), y con un mantenimiento insuficiente, aunque casi siempre el aficionado confunde los síntomas con la carencia de otros elementos, principalmente con el déficit de hierro. El manganeso es bastante tóxico, de modo que solo se debe usar con máxima precaución.

Las plantas lo absorben, tanto por la raíz como por las hojas, en forma de ión Mn++. Este elemento es bastante inmóvil dentro de la planta y su deficiencia se mostrará mediante la aparición bien marcada de un color amarillo o amarillo-rojizo en los espacios entre los nervios de la hoja, los cuales permanecerán verdes.

También pueden aparecer puntos necróticos (Tejidos muertos).

En ocasiones, la causa de su carencia en la planta puede deberse a un pH alto, pero también lo son un exceso de materia orgánica o de oxidación bacteriana. Como en el caso del hierro, si la causa del déficit es un pH excesivo, lo mejor será intentar bajarlo teniendo en cuenta siempre las necesidades de los peces del acuario.

La concentración adecuada de este elemento está entre 0,05 a 0,5 ppm (mg/l) y se puede suministrar en forma de sal como cloruro o sulfato de manganeso o mejor aún en forma de quelato de manganeso.


Bibliografía:
        Sorín, Saúl, Suplemento Nº 11 Acuarama, Littec Ediciones, 19756
        Sociedad Cultural Acuariófila Murciana, Boletín Nº 2, Julio-Set. 1998

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